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domingo, 16 de agosto de 2009

Sobre mis sueños

Tengo un lugar de sueños recurrente, es una iglesia como cualquiera, el interior es azul oscuro, tiene bancas de madera ,columnas altas y santos por todos lados. He vivido diversas cosas en ese lugar. Es tan extraño que a lo largo de mi vida diversos sueños tiene ese lugar como escenario, me da miedo llegar a encontrarlo en la vida real.




Los sueños nacen y también se olvidan.



Tema 6: ¿Por qué escribo?


Personalmente cuado escribo por lo regular lo hago para cuestionar algo, y sé que ustedes también. Ejemplo vivo de lo que digo es este blog en el que hemos cuestionado varios temas. Pero alguna vez se han cuestionado ¿por qué escriben?

De entrada la primera justificación que me di cuando me cuestioné eso fue que era por la capacidad de abstracción del ser humano que nos permitía la creación de un lenguaje, oral y escrito. Y entonces se daba ya de forma natural.

La segunda idea fue: no todos escriben, en el sentido de producción de texto e ideas y no sólo de dejar una nota en el refrigerado que diga “Voy a llegar tarde. Besos”. Escriben quienes razonan y son capaces de pronunciar sus ideas.

Pero a decir verdad, cuando se escribe no necesariamente se razona, más bien uno se pierde, se busca en las palabras. Por eso cuando yo escribo me siento interminable.

Una letra, una palabra, una oración, metáforas, castillos, párrafos, escribo, borro, y si mis palabras salen amorosas, tiernas, tristes o melancólicas no es problema mío es de mis sentidos.

Escribo en esas pequeñas soledades que me acompaña cada día. Escribo hasta que se me empiezan a enfriar las manos, después los ojos, la voz, los sentimientos y las palabras.

Te haz preguntado alguna vez ¿a dónde van los sueños cuando no duermes? Los míos se van a las palabras, a estas letras necias que no dejan de llover.

Por ello, todo cuanto escribo es una retrospectiva finita de lo que soy y no he podido ser.

Soy una retórica que no se deja abrir, una pregunta que flota en el aire, una respuesta que no cae. Escribo por la necesidad de ser.

La verdad es que escribo también sobre lo que siento, lo que me hace vivir, escribo lo que callo, lo que no digo. Y también lo que no siento y perdí en el intento.

Todas esas cosas que no puedo expresar con una sonrisa son las que escribo, tal vez por ello parezca un chico triste... sólo en ratos y a veces, no siempre.

En suma, cuando escribo no necesariamente razono, más bien me pierdo, me busco en las palabras... y me siento interminable.

Y ustedes ¿por qué escriben?



La canción de la semana se llama QUE EMANEN y me gusta la letra, describe muy claramente porqué escribo: para que emane lo que hay dentro de mí.

Que emane como la sangre
Deja que emane, que emane, que emane
Que corra, que escurra, que brote, que fluya
Como emana la sangre en una herida abierta

Que fluya, que siga, que se diluya
Que corra, que no se detenga en mi cuerpo
Que no me envenene por dentro
Que siga…

Mi cuento de "fantasmas"

A petición del buen Ferni, les posteo mi cuento de fantasmas. Que en realidad no es de fantasmas (entendidos como apariciones similares a Gasparín), más bien habla de los fantasmas naturales que agobian al hombre, los que nacen de su naturaleza mortal y humana. Porque a veces los fantasmas nacen en nuestra mente o como resultado de desperfectos en nuestro cuerpo.

Espero les guste y me digan qué opinan, y si entienden de qué se trata.

Un saludo a todos!!!!!



Si no me hubieras conocido Marianela

Nunca pude olvidar la primera vez que me hizo sentir así. Cuando la conocí mi cuerpo completo se cimbró desde lo más profundo de mi ser, ni el viento ni mi voluntad pudieron detener mi inevitable caída al desconcierto cuando la tuve frente a mí.

Con su llegada quedaron atrás aquellas tardes soleadas y despreocupadas en el kiosco de San Luis, de mi bello San Luis de la Paz, los niños corriendo a carcajadas y las palomas navegando por la plaza. No hubo más sonrisas, los días se hicieron un poco más oscuros, ya no me dejó en paz.

En mi casa todo siguió con una calma aparente, como si no pasara nada. Ellos no sabían lo mal que me hacia su visita.

- Deja de llorar que muy pronto se marchará...

Parecía como si mis padres aprobaran su llegada, como si mis palabras enmudecieran ante su necia ignorancia.

Cada vez que sentía una extraña opresión en el pecho sabía que estaba por venir, era angustiante aquella conexión que establecieron mis sentidos y su llegada. Cuando sabía que estaba por entrar, corría debajo de la cama para que nadie me viera ni me escuchara temblar y sollozar, asustada, perdida, temerosa de lo que pudiera ser.

- ¡Es ella, es ella, está aquí otra vez! Virgencita de Guadalupe no me dejes sola, no quiero que vuelva a hacerme lo que ayer.

Comencé a estremecerme con su presencia, sentía como me tomaba y me hacia suya poco a poco hasta perder la conciencia. El aire adquiría un espesor agotante, la habitación se reducía a mi cuerpo.

El sudor que brotaba a chorros por mi piel se deslizaba por mis sienes, mi cuello, mis muslos y mi abdomen, mis huesos vibraban sin control y toda la sangre que en mí fluía ardía como magma que bajaba de un volcán. Mi cuerpo entero se convulsionó sin un sentido ni justificación.

Cuando se marchó, una incesante calma se apoderó de mí como queriendo ahogar con lágrimas el recuerdo de su visita. Recé tres noches seguidas para que no volviera.

No pasa nada - me dije una vez - sólo enfréntala y no volverá más a invadir estos terrenos que sólo a ti te pertenecen. Sonaron bonitas aquellas palabras de consuelo mas nunca fueron verdad.

Aún no comprendo quién la llamó o cómo es que llegó tan repentinamente a mi vida. Pero un día me arme de valor y decidí terminar con ella.

Fui a visitar a un viejo amigo de la familia para que me dijera qué hacer, no me dio respuesta inmediata, pero cuando lo hizo supe que no había marcha atrás. Sus palabras fueron un completo desconsuelo. Lo viví sola sin contárselo a nadie.

Días después ella llegó de nuevo, yo estaba sentada en aquel enorme patio de casa que se vestía de fiesta los domingos familiares, miraba los helechos amarillentos que pedían por un poco de agua, y los rosales bien cuidados de mi madre que me generaban envidia de todo el tiempo que ella les dedicaba, al fondo el viejo pozo que cavó el abuelo en sus mejores tiempos; la jacaranda al centro del patio con su sombrilla violeta, no me dejará mentir sobre lo que sucedió.

Podía ver como se acercaba a mí, corrí desesperadamente buscando refugio, auxilio. Mi respiración se agitaba más con cada paso, aquel patio se convirtió en un laberinto que no me dejaba ver su salida, no olvido esa horrible sensación de sentir sus pasos tras mi cuerpo queriendo hacerlo suyo.

Me topé con el viejo pozo y decidí acabar con ella. Maldigo el día en que te conocí y entraste a mi vida, le dije al mismo tiempo que la arrojaba por aquella excavación húmeda, no sé de donde saque fuerzas para hacerlo, pero después de eso una inacabable paz recorrió todo mi cuerpo, no sentía más temor, había terminado todo ya.

Recordé entonces las soleadas tardes en el kiosco de mi bello San Luis, las risas de los niños y las parejas de enamorados que de la mano se paseaban entre la gente, las campanas de la iglesia resonando en mis oídos, el sabor del agua de jamaica que bebía para apaciguar el calor, la sensación de mi cuerpo despreocupado que hace tiempo no sentía.

Ahogada en el fondo del pozo, nadie supo más de ella. Epilepsia, Marianela tenía epilepsia, confesó alguien alguna vez.


--O--

jueves, 13 de agosto de 2009

Secuencia de pensamientos

Pregunta GIO ¿en qué piensas?
y ustedes se dirán "el tema 3 ya lo pasamos", sucede que no quiero dejar de responder la pregunta de GIO, porque yo pienso en muchas cosas. Pienso en la luz, en las aves, en la pelusa de mi ombligo, en las piñas, en el amor, en la lava. La lava es muy caliente, por eso es un lugar en donde no quiero poner los pies. No me gustan las cosas calientes. Me gustan las cosas tibias como los brazos de mi madre, mi cuerpo después de haber hecho el amor o las palabras sentidas desde el corazón. Los chocolates en forma de corazón son lo más cursi que he visto. No me gustan los chocolates, sólo lo tomo con leche tibia. La leche es buena por el calcio, eso dicen los doctores. De niño yo quería ser doctor para curar todos los males de mi mamá. De mi niñez también recuerdo a Remi, una caricatura que pasaban en la tele, cada vez que la veía me inundaba la tristeza y me daban muchas ganas de llorar. Mi papá regañaba a mi mamá porque la culpaba de que yo fuera un chillón, decía que me consentía demasiado. Supongo que por eso ahora que he crecido difícilmente mis ojos llueven lágrimas, nunca lloro. Mi papá me lo dijo cuando era niño. Siempre les agradeceré a papá y mamá el haberme dado una carrera universitaria. Lo que más voy a recordar de la universidad son los momentos con mis amigos. Quiero mucho a mis amigos. También me quiero a mí, pienso que soy la mejor compañía que me puedo encontrar, pero a veces, también la peor. A la gente le gusta estar acompañada por eso siempre reniegan de la soledad. La soledad duele. ¡Ay dolor ya me volviste a dar! Pero quizás el peor dolor de todos sea el dolor sin sitio. Te duele pero no sabes dónde, por eso no lo puedes curar. Una vez llevaron a curara a mi abuela con una señora que vivía a las faldas del Popocatepectl. La señora nos contaba que la gente del lugar tenía miedo de que el volcán “explotara” y les cayera lava encima y los quemara. La lava es muy caliente, por eso es un lugar en donde no me gustaría poner los pies. En eso pienso. Yo pienso en muchas cosas.

jueves, 16 de julio de 2009

3 ideas sobre identidad

Hablar de lo mexicano es un tema bastante espinoso, por decirlo de alguna manera. No podría definir si es bueno o malo ser mexicano, no podría definir tampoco los pro y los contra de la identidad del mexicano. Pero sé cosas que me llenan de alegría: Realmente me da gusto haber nacido aquí. Me gusta mi ciudad; caótica, plena, contrastante, indescifrable, incoherente, imponente, mía. Mi comida favorita es la mexicana: tacos al pastor, quesadillas de tinga de pollo con queso, sopes, huaraches con bistec y 2 salsas, enchiladas de mole, molletes con queso gratinado, chocolate caliente con una concha. He conocido lugares hermosos en mi país: las playas de ensueño de Los Cabos, el eterno silencio colonial de Guanajuato, el sonido del mar de Manzanillo, lo pintoresco de Oaxaca, la vida más sabrosa en Acapulco, la magia de los pueblos de Hidalgo, el sol intenso de Hermosillo, y ahora estoy ansioso porque llegue agosto para partir a Chiapas.

No sé si esto me cree una identidad, pero sí me hace feliz. Admito que estoy reduciendo mis reflexiones a mis sensaciones de placer. Sucede que en ocasiones me da por dejar de razonar y me dejo llevar por mis maravillosas sensaciones. Y creo que eso también me define una identidad.

Por último, les comparto 3 reflexiones que tengo de la identidad, cada una argumentada de diferente manera: la primera con un escrito mío, la segunda con una imagen y la tercera con palabras de Octavio Paz (a quien siempre recurro para hablar de identidad o del ser humano).


1. La identidad se pierde, se duda fácilmente

¿Y si yo no fuera cierto?
Si sólo fuera producto de mi gran imaginación
Si fuera un puñado de mentiras que me cuento
Si estuviese hecho de ilusiones y sueños prestados
Si sólo soy un holograma creado por Microsoft para entretener miradas
Si mi cuerpo fuera hielo y se derritiera con el sol
Si fuera el reflejo opaco de alguien que lo olvido en un espejo
Si mis brazos, piernas y labios dejaran de funcionar
Si fuese sólo una sombra que con la luz desaparece
Si mis ojos no fueran más que papel mal cortado al fuego
Si sólo existiera en los recuerdos pasajeros de alguien más
Y si estas palabras no fueran mías
Entonces ¿qué de mí sería verdad?

2. La identidad viene de atrás, de antes. Se construye y se sobrepone.



3. La identidad no la construyo YO, la construimos NOSOTROS.

—¿La vida, cuándo fue de veras nuestra?,
¿cuándo somos de veras lo que somos?,
bien mirado no somos, nunca somos
a solas sino vértigo y vacío,
muecas en el espejo, horror y vómito,
nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es de nadie, todos somos
la vida —pan de sol para los otros,
los otros todos que nosotros somos—,
soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos,
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros...


La identidad de este blog es de NOSOTROS.

sábado, 4 de julio de 2009

Iván Planeta


Iván. Ese es el nombre me mi madre elijió para que los demás me nombraran. También lo uso para nombrarme a mi mismo. Y ahora lo puedes usar tú.

Me gusta mi nombre. Aunque a decir verdad, en esta vida me gustan muchas cosas. Me gusta despertar sin tener que preocuparme por nada; me gusta que me miren con ojos de deseo y complicidad, que me toquen suave y sinceramente; me gusta escuchar el sonido de las llaves en el aire, el de la voz de mi mamá.
También me gusta escribir, buscar y encontrar. Busco un lugar que no duela, que no queme, que me deje descansar, que no cale, que sea suave, dulce, que no raspe, que no muera. Un lugar donde escribir, donde ser.



Que las palabras caigan, del corazón, de los sentidos, del color, de la cabeza, de la razón, que caigan.



¿Nombre?


  • Secuencia de Pensamientos


  • Interminable

  • Palabras que no se parcen a su nombre


Cualquier nombre podría ser bueno, sólo se trata de nombrar...



Iván Planeta